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Opinión en Prensa
17 de agosto 2020

La pandemia provocada por el virus SARS-COV-2 en Chile y el mundo nos ha golpeado de manera drástica y progresiva, recordándonos la fragilidad de la especie humana dentro de un escenario marcado por los procesos de duelo y las pérdidas que han tensionado significativamente las prácticas cotidianas de las personas y sus comunidades. Más aún, es probable que los próximos meses sigan estando marcados por la incertidumbre, el miedo al contagio y las diversas fuentes de estrés relacionadas con el hecho de que asistimos a uno de los eventos que probablemente marcará la historia de la humanidad durante el presente siglo por su magnitud, letalidad y complejidad socio-sanitaria.

A partir de lo anterior, sería deseable que esta pandemia no solamente sea una instancia que nos permita replantearnos críticamente nuestra experiencia vital y la importancia del cuidado y protección de la salud física y mental, sino que inevitablemente debiera permitirnos a todos/as reflexionar acerca de la forma en la que hemos venido viviendo nuestra vida y de las innegables desigualdades anquilosadas en nuestro país, dentro de un sistema social fuertemente influenciado por variables económicas (sistema económico de libre mercado), la globalización, el individualismo y el hedonismo.

Precisamente por ello, durante estos meses de cuarentena se han visibilizado las diversas fragmentaciones y desigualdades (económicas, educativas, histórico-culturales, etc.) que afectan cotidianamente a miles de compatriotas, convirtiéndolos en grupos vulnerados (personas mayores, mujeres, migrantes, personas en situación de discapacidad, niños/as y jóvenes) para los cuales no hay muchas alternativas más que vivir para trabajar, incluso aunque eso implique exponerse al virus y ser agentes de contagio potencial para sus familiares y comunidades. Más aún, cuando paradójicamente muchas de las discusiones de fondo que se proponen desde los poderes del Estado y la ‘clase política’ se centran en aspectos superficiales de las problemáticas actuales, asumiendo de manera ingenua que todo se puede resolver con un conjunto de medidas económicas subsidiarias, reflejando una total desconexión y falta de empatía hacia quienes los han elegido como representantes.

Ahora bien, en el campo de la salud mental y de acuerdo a las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (WHO, 2020), el 4% de la población mundial podría experimentar trastornos mentales severos derivados de la crisis sanitaria, mientras que entre el 15% y 20% podría sufrir trastornos leves a moderados. Asimismo, existen hallazgos contundentes en donde se evidenciaría un incremento potencial de los trastornos relacionados con el estado de ánimo, la ansiedad y el estrés (Freeman et al., 2020; Lai et al., 2020; Lima et. al., 2020; Rajkumar, 2020) además de una alteración en los patrones de sueño y alimentación, particularmente en grupos vulnerables y personas con antecedentes de comorbilidad previa.

Por consiguiente, y a propósito del desconfinamiento en Chile (plan paso a paso), en donde muchos anhelan volver a la ‘normalidad’, los invito a detenerse un segundo y ser agentes de cambio para que no volvamos a replicar invariablemente los mismos errores de siempre.

La pandemia es un evento (tal vez único) que obliga a replantearnos todo lo que conocemos. Es una INVITACIÓN para avanzar en un mayor respeto y protección de las personas mayores; de valorar la vida, la salud (física y mental) y los afectos (para perdonar, reconciliarnos/as y unirnos); de impulsar acciones concretas que promuevan el trato igualitario entre hombres y mujeres, la crianza respetuosa, la corresponsabilidad y la importancia de la implicación familiar en el desarrollo cognitivo y emocional de nuestros niños, niñas y jóvenes.

También debe ser una OPORTUNIDAD para instalar una cultura de la prevención frente a emergencias y desastres en Chile, destacando la importancia del apoyo social y la resiliencia comunitaria, junto con acciones coherentes para un desarrollo sostenible que protejan el medio ambiente y aminore los efectos de la emergencia climática sobre nuestro planeta.

Por último, la pandemia nos propone como DESAFÍO, alcanzar un nuevo pacto social construido sobre el dialogo respetuoso y colaborativo (que supere los intereses personales) para avanzar en la construcción de acuerdos democráticos que otorguen igualdad, respeto y justicia social para todos/as.

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Opinión en Medios de Prensa
29 de julio 2020
Tabla, Silla, Colorido, Azul, Blanco, Grey, Gastronomía
En el marco de la estrategia de desconfinamiento impulsado por el Gobierno (se instalan un conjunto de desafíos para las personas y sus comunidades dentro de un contexto aún marcado por la incertidumbre, el miedo al contagio, los procesos de duelo y la pérdida, el impacto de la recesión económica y los diferentes estresores que han surgido a partir del teletrabajo y la educación a distancia.
No podemos olvidar que el COVID 19 aún sigue siendo una amenaza directa para las personas y sus comunidades, particularmente para los grupos de riesgo (personas mayores, personas con comorbilidades previas asociadas a enfermedades cardiacas, pulmonares, renales, hepáticas, etc.; mujeres embarazadas, migrantes, personas en situación de pobreza y/o discapacidad, etc.) por lo que las condiciones de vulnerabilidad sólo se pueden afrontar cumpliendo estrictamente con las medidas de higiene recomendadas desde la Organización Mundial de la Salud, tales como: lavado frecuente de manos, uso obligatorio y correcto de mascarilla, distanciamiento físico además de estar informado por fuentes oficiales de las medidas sanitarias exigidas en cada región de Chile (toque de queda en todo el territorio nacional, cuarentena obligatoria para quienes ingresan al país; prohibición de traslado a segunda vivienda, prohibición de eventos de más de 50 personas, entre otros).

El plan Paso a Paso es una estrategia perfectible y que potencialmente sufrirá modificaciones y readecuaciones de acuerdo a las recomendaciones de la Mesa Social COVID 19 y las orientaciones de la OMS, además de las observaciones que puedan aportar los municipios y expertos de la sociedad civil para velar por la implementación segura y responsable del desconfinamiento. En su globalidad, dicho plan comprende un proceso gradual y progresivo de aumento parcial de las libertades individuales de las personas, del funcionamiento del comercio y el reestablecimiento de la vida cotidiana mediante diferentes fases y plazos (desde la cuarentena, la transición en donde disminuye el grado de confinamiento, la preparación y alza de la cuarentena hasta una apertura inicial y avanzada respectivamente), etapas que en su conjunto dependerán de la situación epidemiológica presente en cada región. Es decir, el plan de desconfinamiento está sujeto a ciertos parametros epidemiológicos: a) baja constante al contagio (que la positividad al PCR sea menor al 10%. Actualmente, en Chile existe sobre un 20% de positividad por cada 1.000 habitantes. Además, debe existir una baja objetiva y sistemática de contagios durante al menos 21 días); b) Mejora de los mecanismos de trazabilidad (capacidad de detección de casos positivos en menos de 48 horas y un aislamiento efectivo de 14 días al 90% de los casos nuevos confirmados), y c) descongestión de la red de salud integrada del país (que la ocupación de camas críticas no supere el 80%. A nivel nacional, la saturación estimada del sistema gira alrededor de un 88%).

En vista de lo anterior, y a pesar de que las cifras epidemiológicas en el país puedan ser promisorias, es necesario reiterar en la población que no se pueden relajar las medidas sanitarias y de autocuidado. El riesgo del rebrote y un aumento de los contagios es una amenaza esperable, de acuerdo a lo reportado por otros países en el mundo. Por lo tanto, un plan de desconfinamiento seguro requiere responsabilidad, flexibilidad y autocuidado por parte de las personas y sus comunidades. En este sentido y a modo de conclusión, le recomendamos:

  • Mantengase informado de lo que ocurre en su comuna, a través de fuentes oficiales (MINSAL, Municipio, etc.). Evite los riesgos innecesarios.
  • Sea flexible, paciente y responsable frente a su comportamiento, particularmente si retoma algunas de sus funciones y roles (trabajo presencial por ejemplo).
  • Reconozca los aspectos positivos que ofrece este plan de desconfinamiento. No descuide las medidas de higiene y autocuidado. Cuidarse para cuidar a otros/as sigue siendo tarea de todos/as.
  • Construya expectativas realistas frente a la situación actual. No es un regreso a nuestra vida habitual, ya que aún el riesgo de contagiarse sigue siendo una amenaza para todos/as. Planteese objetivos al corto plazo y no se sobreexija.
  • Centrarse en el presente. Cultive pensamientos, comportamientos y relaciones positivas que le permitan afrontar activamente los desafíos / tareas más urgentes.
  • Autocuidado y rutinas saludables: equilibrio entre una buena alimentación e hidratación, procure el buen dormir, realice actividad física de baja intensidad; practique técnicas de relajación y/o respiración, etc.

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