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Otras Voces en Educacion
Columna de Opinión
 ISSN: 2477-9695
17 de Agosto 2018

UN LLAMADO A LA CONTRACULTURA EN TIEMPOS Y ESPACIOS INCIERTOS

Diana Carolina Leguizamón Martínez
Psicóloga Pontificia Universidad Javeriana(Colombia)
Eduardo Sandoval Obando
Psicólogo;
Magíster en Educación, Políticas y Gestión Educativa.
Doctor en Ciencias Humanas (Chile)

La historia de la humanidad está llena de ejemplos complejos y maravillosos que son el fiel retrato de la idea de que “toda victoria de luz, fue una batalla de sombras”. Los movimientos de contracultura de los años 60s, por ejemplo, nos recuerdan la potencia de las luchas por los derechos civiles con un activismo y una coherencia política tal, que no hay lugar en el mundo que no haya sido tocado por la ola emancipatoria de aquellos tiempos. Muhammad Ali, por ejemplo, subía al ring transmitiendo con su práctica el orgullo por su raza; cuando lo van a mandar a Vietnam él dice: “primero, a mí ningún Viet Cong me ha llamado negro” -pues con esa palabra los discriminaban-, “y segundo, esta es una guerra en la que los blancos mandan a los negros a matar amarillos para quedarse con la tierra que les robaron a los rojos”.

En la actualidad, eventos como las medidas de Trump frente a la migración y los asuntos sociales, las grandes oleadas de refugiados en Europa y una creciente y silenciosa derecha que se opone; los crecientes desplazamientos y muertes de personas en el oriente medio, el desplazamiento interno y violencia política en países latinoamericanos como Colombia, Venezuela o Nicaragua, las profundas desigualdades provocadas por las reformas escolares imperantes, nos llevan a preguntarnos: ¿Hemos retrocedido en todo lo que consiguieron los movimientos de lucha por los Derechos Civiles y Antiguerra en décadas anteriores?

La respuesta es: No. En 1815, cuando derrotan a Napoleón, se hace la Santa Alianza. Todo lo que tiene que ver con la Revolución Francesa, con la autodeterminación de los pueblos, con los derechos del hombre y la ilustración parecen quedar esfumados. En 1815 pareciera que todo estaba perdido y resulta que esa generación es la que posibilitaría la emergencia del Romanticismo, uno de los más importantes y liberadores de Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial se perdió todo el discurso de Occidente y fue necesario hacer reivindicaciones: hacer la declaración universal de los derechos humanos y repensar las dinámicas relacionales que organizaban la sociedad, al quedar todo pisoteado por el nazismo. Entonces los derechos son un ideal vuelto práctica, que hay que defender permanentemente. Enfrentamos una época en la que resulta prioritario recordar, resignificar y aprender de los errores cometidos.

Cuando se nace en una generación en donde se piensa que todo retrocedió, esa es la generación que comienza los cambios; por eso Sartre decía: “nunca fuimos más libres que durante la dominación alemana, porque solo bajo los nazis entendimos el verdadero valor de la libertad”. Fue de las frases más polémicas que lanzó, pero lo que decía era que, como humanidad, teníamos que pasar una prueba como esa para entender que la libertad era indispensable.

Ante las actuales crisis sociales, políticas, ambientales, económicas, de legitimidad de estado y de soberanía en Occidente, se ponen a prueba todos nuestros valores una vez más. Cuando los mínimos vitales para la convivencia y vida se encuentran amenazados, es necesario recordar las grandes movilizaciones que nos llevaron a ver hoy con ‘ojos de sentido común’ que los derechos que nos permiten vivir en libertad y dignidad se lograron a través de movilizaciones increíbles. Tales acciones y movimientos ciudadanos, sólo son posibles de reconocer a través de una apreciación crítica y reflexiva de nuestra historia. ¿Cómo vamos a repetir, qué podemos hacer? Todo esto hay que saberlo para no volver a incurrir en las mismas prácticas que fueron el tormento de muchos. Y si ocurre, tenemos que estar preparados para decir: eso ya pasó y no lleva a ningún lugar constructivo para la sociedad.

Nada se acaba y nada se impone definitivamente. Las utopías nacen en los días más oscuros. Estamos hablando de los espíritus de la libertad del hombre, que siempre están amenazados y siempre vuelven a surgir. La contracultura es la narración colectiva del espíritu de la libertad, y eso no depende de una época, es parte de la naturaleza humana, encontrándonos tal vez con un momento histórico para la educación y su enorme influencia sobre los procesos de transformación social tan anhelados, avanzando decididamente en una mayor justicia social para todos y todas.

Para Citar: Leguizamón, C. y Sandoval, E. (2018). Un Llamado a la Contracultura en Tiempos y Espacios Inciertos. Otras Voces en Educación. ISSN: 2477-9695. Recuperado de: http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/286711



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Columna de Opinión
12 de Agosto 2018
LA CREATIVIDAD: ¿UN FACTOR AUSENTE EN EL SISTEMA ESCOLAR CHILENO?
Ps. Dr. Eduardo Sandoval Obando
Académico e Investigador

De acuerdo al Índice Mundial de Innovación (GII) elaborado por Global Indices (INSEAD), la Universidad de Cornell y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, perteneciente a Naciones Unidas), Chile ocupa el puesto N° 47, siendo el país mejor situado en Latinoamérica, seguido de Costa Rica (54°), y México (56°) respectivamente.

No obstante a lo anterior, resulta paradójico que a pesar de las diversas reformas escolares implementadas durante el último tiempo, muchas de ellas, convenientes al statu quo imperante, continúa observándose al interior del espacio y tiempo escolar la supremacía de la norma, la rutina y el creciente interés por estandarizarlo todo como garantía de calidad y mejora continua en la ‘administración burocrática’ de los procesos educativos a la que asisten los niños, niñas y jóvenes de nuestro país.

Esta dramática tendencia ha llevado a que la escuela se convierta en un espacio aburrido, monótono y coartador de las potencialidades de aprendizaje que poseen los educandos, incentivando mayoritariamente el predominio del pensamiento lógico matemático y la búsqueda de certezas, dentro de un mundo lleno de caos e incertidumbre en el que las dinámicas relacionales y de aprendizaje adquieren múltiples sentidos, significados y posibilidades, coherente con la complejidad de la vida misma.

Algunos investigadores (FONDECYT N° 1170019), pensamos que el no considerar esta realidad ha provocado la construcción de una única escuela, normalmente homogénea y aséptica, que no es capaz de contextualizarse en función de los sujetos que la habitan y de los territorios en donde estos se sitúan. Además, la construcción de esta escuela única se ha llevado a cabo desde un sujeto universal (Calvo, 2016; Moreno, 2016) que no responde al verdadero territorio educativo por el que transitan los educadores/as, los niños/as y los jóvenes junto a sus familias.

Desde esta perspectiva, nos parece necesario desescolarizar la institución escolar, avanzando en la exploración y comprensión crítica de las múltiples relaciones, saberes y experiencias que construyen los educandos más allá de los límites de la escuela. Es así como dentro de esta búsqueda, emerge la creatividad como un componente relevante del desarrollo emocional y cognitivo del ser humano. Como parte de este constructo, emergen aspectos tremendamente dinámicos y complejos que se manifiestan en abundancia y desde temprana edad en los niños y niñas, tales como la curiosidad, la exploración, el asombro, el entusiasmo y la despreocupación del error. No obstante a lo anterior, es preocupante la forma en que estas maravillosas potencialidades experimentan un progresivo anquilosamiento al interior de la escuela (Sandoval, 2012; 2014), producto de la lógica escolar que se limita a la enseñanza deliberada de contenidos, muchos de ellos descontextualizados, de los ambientes de origen del estudiante, así como de las necesidades y habilidades requeridas en el siglo XXI. Más aún, muchas veces la escuela no permite que el azar, la creatividad y la imaginación, la autonomía y la improvisación cumplan su rol educativo (Calvo, 2016). A propósito de lo anterior ¿Es posible visualizar la escuela como un ambiente desafiante y atractivo para el alumnado? ¿Para qué educamos? ¿La Institución escolar aspira a la transformación social o a la mantención del statu quo? ¿Fomentamos la creatividad en los procesos de enseñanza y aprendizaje actuales?

Las interrogantes esbozadas precedentemente nos obligan a repensar la escuela de hoy, aspirando a la generación de ambientes educativos activo – modificantes (Sandoval, 2017), capaces de reconocer y valorar la creatividad, como un ámbito del aprendizaje valioso y relevante, que fluye de manera autoorganizada conforme a las necesidades e intereses de cada educando. Más allá de las diversas reformas y propuestas de cambio implementadas en el sistema escolar Chileno, buscamos dar el salto desde el aprendizaje incidental al intencional; investigando y colaborando participativamente en la construcción de prácticas pedagógicas que avancen decididamente en la instalación de una pedagogía de la pregunta, posibilitando el surgimiento de interrogantes novedosas que le permitan al alumnado descubrir el mundo, más allá de los límites y formas definidas por el mapa escolar, sustentado por un currículum obligatoriamente definido desde el nivel central.

Finalmente, estamos interesados y abiertos en comprender la escuela más allá de los márgenes que la definen, reflexionando críticamente sobre los desafíos que demanda la sociedad actual en términos de aprendizaje y sobre los esfuerzos que debiésemos desarrollar como País, para incentivar la creatividad, el pensamiento crítico, el aprendizaje práctico, la resolución de problemas, el liderazgo y la inteligencia relacional, entre otras habilidades altamente requeridas en la actualidad.

Pensamos que los resultados y alcances de este programa de investigación, podrían convertirse en una vía para avanzar en la transformación de la escuela y la renovación de los procesos pedagógicos, permitiendo que dichos saberes transciendan el espacio académico y lleguen a la gente de una manera didáctica y comprensible para todos y todas.

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Columna de Opinión
20 de Julio 2018

ENVEJECIMIENTO EN CHILE: UNA DISCUSIÓN NECESARIA

Eduardo Sandoval Obando

Psicólogo; Magíster en Educación, Políticas y Gestión Educativas

Doctor en Ciencias Humanas
Académico e Investigador

Para muchas personas en nuestro país y el mundo, enfrentarse paulatinamente al proceso de envejecimiento se transforma en una experiencia altamente estresante y compleja, potenciada en parte, por una serie de prejuicios y mitos que la convierten una etapa evolutiva marcada por la soledad, el pesimismo, la pérdida de la salud y la pasividad, coincidiendo además con la jubilación y el nido vacío, entre otros cambios.

Lo cierto es que en nuestro país, existe una tendencia creciente al envejecimiento. Tal como lo señala el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), hay 2,8 millones de personas sobre 60 años, correspondiente al 16,2% de la población. En adición a lo anterior, y de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esperanza de vida promedio en Chile es de 80,5 años, siendo las mujeres mucho más longevas (83 años en promedio) que los hombres (79 años); estimándose que para el 2025 la población mayor de 60 años constituya un 20% de la cantidad de habitantes en el país, lo que superará el porcentaje de población menor de 15 años (Campos, Herrera, Fernández y Valenzuela, 2014).

En los países que presentan contextos de envejecimiento acelerado (como es el caso de Chile), una de las problemáticas psicosociales y de salud en la que debiésemos concentrar nuestros esfuerzos, giran en la generación de saberes actualizados que comprendan y aborden el fenómeno de la estimulación cognitiva – emocional, así como la dependencia de los adultos mayores en distintos ámbitos, no solo centrado en el déficit (enfermedad), avanzando hacia a la instalación transversal de un modelo socio-comunitario, participativo e interdisciplinario que haga hincapié en la promoción y la prevención, articulando eficazmente la perspectiva del envejecimiento activo.

Ahora bien, este proceso es altamente diferencial y asincrónico en sus manifestaciones biológicas, cognitivas y sociales. A saber, existe una gran variación entre los sujetos, pues cada individuo envejece de modo diferente de acuerdo a las características físicas y fisiológicas que posee, así como también por su estructura de personalidad, historia de vida, y por el contexto socioeconómico, político o cultural en el que se desenvuelve, configurando estilos de vida que pueden aumentar o disminuir la esperanza de vida del sujeto. La longevidad se explicaría en parte gracias a los avances de la medicina, el aumento de la cobertura y acceso en los servicios de salud, la mejora gradual en la calidad de vida de las personas y un mayor acceso a las redes de apoyo social disponibles en el país.

En este contexto, y en respuesta a los cambios demográficos nacionales e internacionales ya descritos, cobra relevancia la Psicogerontología, como ámbito del conocimiento interesado en el estudio y abordaje del envejecimiento psíquico normal y patológico; abarcando la promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación, así como la subjetividad construida por el sujeto que envejece. Durante los últimos años, se han concentrado los esfuerzos en investigar las potencialidades de la vejez, desde una perspectiva optimista y centrada en los recursos de las personas, visibilizando las oportunidades y desafíos socio-evolutivos, familiares y culturales de los sujetos, generando importantes contribuciones basadas en la evidencia, para facilitar la adaptación positiva y exitosa de las personas[1], incidiendo en definitiva, en una mejora sustancial de su salud física y mental. A modo de reflexión ¿Cómo visualizamos el envejecimiento en nuestra vida? ¿Qué es lo que le permite a una persona asumir positivamente esta etapa? ¿Cómo combatir la soledad y el pesimismo que socialmente se le atribuye a la vejez? ¿Qué estrategias y/o acciones podría implementar para enfrentar positivamente la transición a la vejez? ¿Por qué hablar de envejecimiento activo? ¿Qué impacto tendrá la creación del Consejo Consultivo del Adulto Mayor? ¿Al Estado le interesa verdaderamente transformar la dura realidad que enfrentan nuestros adultos mayores en Chile (observando críticamente las actuales políticas públicas en esta materia)?

A propósito de lo anterior, nos parece imprescindible reiterar la necesidad de que como país seamos capaces de reflexionar críticamente sobre este fenómeno y más aún sobre el panorama actual que enfrentan miles de adultos mayores en Chile, ‘sobreviviendo’ con pensiones y ‘ayudas solidarias[2]’ que cubren escasamente los costos asociados a vivienda, alimentación, salud, cultura, entre otros; considerando la economía actual y la tendencia creciente al alza de aquellos productos de primera necesidad.

Finalmente, reconocemos en las Ciencias Sociales y particularmente en la educación, un espacio relevante de discusión y concientización acerca del envejecimiento y la vejez. Por ende, adquiere importancia el que tempranamente seamos conscientes de las estrategias y/o acciones concretas que les permita a las personas valorar cada una de las experiencias y etapas del desarrollo, apostando por la convivencia positiva (es decir, aprender a vivir con otros distinto a uno; respetando las diferencias). Así, seríamos capaces de reconocer que la vida misma es un camino lleno de cambios y transformaciones, inundado encuentros y desencuentros entre las personas; y que si bien algunos cambios pueden estar a la base de ciertas limitaciones, hay que aprender a vivir con ellos. Estas pequeñas premisas deberían formar parte de los planes y programas de enseñanza del Ministerio de Educación (en sus diferentes niveles) y de la sociedad en su conjunto, de tal manera que los niños, niñas y jóvenes integren herramientas prácticas en torno a la promoción y prevención en salud, pero por sobre todo, estando mucho más conscientes de la realidad demográfica de nuestro país y del enorme rol que juegan y/o han jugado en nuestras vidas, los adultos mayores. Creemos que mientras más temprano comience esta concientización sobre el cuidado y respeto por el otro, existirán mayores posibilidades de lograr cambios actitudinales en nuestra forma de relacionarnos, avanzando decididamente en la construcción de una sociedad más democrática, justa y respetuosa para todos/as. Sin duda que la promoción de creencias y valoraciones positivas respecto a la vejez por una parte, permitirá que los más jóvenes aprendan a cuidar de su propia salud, contribuyendo (directa o indirectamente) a disminuir los riesgos de concomitancia de patologías asociadas al deterioro normal de esta etapa. Por otra parte, estas reflexiones pretenden favorecer el diálogo intergeneracional, indispensable en nuestros tiempos, germinando valores en torno a la afectividad, solidaridad y responsabilidad frente al autocuidado, pero por sobre todo, insistiendo en el importante desafío que tenemos por delante para abrir y/o consolidar espacios sistemáticos de valoración e integración para nuestros adultos mayores.

[1] En revisiones previas, existen consenso respecto a los beneficios de cultivar hábitos de vida saludable (alimentación, higiene de sueño, etc.), la autonomía y el aprendizaje para toda la vida; optimismo y visión positiva acerca de la vida; la importancia del autocuidado y la promoción de relaciones interpersonales positivas, entre otros (Sandoval, 2017).

[2] De acuerdo a estimaciones de la Superintendencia de Pensiones (2016), el monto promedio de las pensiones autofinanciadas es de $191.825 (7,29 UF) para vejez edad y $314.972 (11,97 UF) para vejez anticipada, aunque al agregar el Aporte Previsional Solidario (APS), el monto promedio de las pensiones sube hasta $209.981 (7,98 UF) para vejez edad y $330.761 (12,57 UF) para vejez anticipada.


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Columna de Opinión 
06 de Julio 2018

PROTECCIÓN INTEGRAL DE LA INFANCIA Y JUVENTUD EN CHILE: UNA DEUDA INEXCUSABLE DEL ESTADO

 

Eduardo Sandoval Obando

Psicólogo; Magíster en Educación, Políticas y Gestión Educativas

Doctor en Ciencias Humanas

Resulta preocupante la actitud superficial y a ratos tardía por parte del Estado para abordar integralmente la protección de la primera infancia (tendencia que se repite durante los últimos 15 años, a pesar del enorme ruido provocado por la muerte de menores en centros de administración directa del SENAME), enredando la discusión en los procesos de intervención precarios que algunos dispositivos colaboradores del SENAME despliegan, en la necesidad de incorporar sistemas de Prevención y Alerta Temprana que facilite la oportuna intervención de aquellos niños y niñas que experimentan vulneración en sus derechos o en la necesidad de rebajar la edad de imputabilidad (de 14 a 12 años) en el caso de los niños, niñas y jóvenes que se vinculan a episodios de infracción de ley. Para otros, incluso gran parte de la solución emergería a partir de la división administrativa del SENAME en un Servicio de Protección Especializada de la Infancia (dependiente del Ministerio Desarrollo Social) y por otra parte, en un Servicio Nacional de Reinserción Juvenil (dependiente del Ministerio de Justicia). Pero ¿Qué acciones son necesarias para resolver la Crisis del SENAME? ¿Cuáles son los alcances del consejo Consultivo de la Infancia? ¿Ha sido un proceso participativo y convocante para los actores claves? ¿Cómo dar el salto desde la cobertura a la calidad en los procesos de intervención? ¿Son suficientes las acciones y medidas impulsadas desde el Ejecutivo para priorizar la infancia?

En primer lugar, pareciera ser que gran parte de los problemas y graves episodios de vulneración de derechos a los que están expuestos los niños y niñas en Chile es una responsabilidad del SENAME, sin embargo, asumir esta afirmación representa una mirada fragmentaria del problema. En este sentido, nos parece sensato mencionar que uno de los principales factores que influyen en las deficiencias detectadas en el funcionamiento de este organismo radica en que las políticas públicas en materia de infancia carecen notablemente de un enfoque integral e intersectorial, puesto que muchas de sus iniciativas no logran impactar eficazmente en la vida de los NNA, por la escasa capacidad de diálogo y colaboración que caracteriza el sistema de protección de los derechos de los niños, involucrando Ministerio de Justicia, de Salud, de Educación, Vivienda, cultura, deporte, entre otros. Pareciera que estos organismos tienen graves dificultades para articular sistemáticamente una mesa interministerial que asuma como una prioridad esencial a la infancia.

En segundo lugar, creemos que en la medida que el Estado continúe desligándose de sus responsabilidades en materia de protección integral de la infancia, reflejado en una marcada tendencia por delegarle a terceros (Organismos Colaboradores de SENAME) los procesos de intervención (quienes administran el 96,18% de la oferta anual para la atención de menores que proporciona el Estado. Los OCAs son financiados a través de la ley 20.032 de subvenciones), dentro de un marco regulatorio laxo y ambiguo en términos de estándares mínimos de funcionamiento, personal técnico con escasa formación para intervenir en contextos vulnerados (maltrato laboral; remuneraciones bajas, alta rotación del personal; alto estrés; precariedad en los procesos de formación e intervención, alta burocratización y sobrecarga administrativa, etc.), precaria calidad en los procesos de intervención e impacto real de sus acciones de protección, etc.

En tercer lugar, nos parece paradójico que a la fecha continúe ‘durmiendo’ en el Congreso la iniciativa que busca aprobar una Ley de Garantía de Derechos de la Niñez, evidenciando un total desinterés de la clase política por nuestros NNA. Al mismo tiempo, sólo en la medida en que esta ley sea promulgada, debe ir acompañada por un sistema presupuestario más eficiente, transparente y coherente con las necesidades y problemáticas que aquejan a nuestros niños, niñas y jóvenes (integrado explícitamente en el Sistema de Atención a la Niñez y Adolescencia de la Red de Colaboradores del SENAME, y su Régimen de Subvención 20.032).

Finalmente, nos parece importante mencionar que el Estado de Chile mantiene una deuda importante con nuestros NNA, abordable (al corto y mediano plazo) sólo en la medida que sean capaces de implementar acciones como: Transformar el sistema residencial (dispositivos de intervención mucho más focalizados y pequeños, con una redefinición integral de los estándares de funcionamiento y financiamiento); Mejorar el sistema de licitaciones con los OCAs, asegurando una continuidad en los procesos de intervención; potenciar los procesos de capacitación, perfeccionamiento y profesionalización de las personas que trabajan en infancia (Profesionales, Educadores de trato directo por ejemplo); Generar Planes y programas en materia de infancia que posibiliten la territorialidad y descentralización de los procesos de intervención (atendiendo a la enorme diversidad sociocultural y étnica presente en nuestro país); Fortalecer los sistemas de APS (generando estrategias y competencias eficaces en materia de salud mental infantil, buen trato y protección de la infancia); Implementar un sistema de prevención y alerta temprana en infancia (focalizado territorialmente que ayude a la detección oportuna de los factores de riesgo que amenazan a nuestros NNA, para generar derivaciones oportunas en los casos que corresponda).

El desafío de nuestro país en materia de infancia y Juventud no puede seguir esperando… ya que “lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad” (Karl Menninger) y en ellos reside nuestro presente y Futuro…

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Seminario “Acuerdo Nacional por la Infancia: Retos para su Implementación”
Centro de Políticas Públicas – Pontificia Universidad Católica de Chile
27 de Junio 2018


Como parte de las diversas actividades de formación integral y apertura teórica que realizo como Académico, Consultor y Relator en el ámbito de Intervención con Infancia y Juventud en Red SENAME, tuve la posibilidad de participar de una interesante jornada de reflexión titulada “Acuerdo Nacional por la Infancia: Retos para su Implementación“, donde se pudo desmenuzar y observar con detenimiento algunos de los principales aspectos y propuestas de mejora sobre las que se ha estado reflexionando para la transformación de los procesos de gestión e intervención del Servicio Nacional de Menores.

Esta actividad me ha permitido observar con detenimiento  los ejes centrales de discusión actual en torno a la Infancia en Chile, los que giran en torno a: Promoción, Prevención y protección de los niños y niñas provenientes de contextos vulnerados. Asimismo, se pudo hacer una revisión sobre las 94 medidas que han surgido a partir de los procesos consultivos de la sociedad civil, aportes del mundo académico para el abordaje de la Infancia en Chile, reportes diagnósticos realizados por el SENAME acerca de la grave crisis que como organismo están enfrentando, la realidad de los Organismos Colaboradores de Sename en los diversos procesos de intervención que desarrollan y los lineamientos sobre los que ha trabajado el PNUD para asegurar el respeto íntegro de los derechos de los NNA, contenidos en la Convención Internacional de los Derechos del Niño. 

En la actividad, participaron: Susana Tonda (Directora Nacional de SENAME); Blanquita Honorato (Asesora de la Subsecretaria de la Niñez); Liliana Guerra (Académica Escuela Trabajo Social UC); Paula Bedregal (Académica Escuela de Medicina UC), Miguel Cillero (Académico UDP y Presidente Centro Iberoamericano Derechos del Niño) y como moderador de la actividad Ignacio Irarrázabal (Director Centro Políticas Públicas UC e Integrante Comisión Infancia). 

Próximamente, aportaré algunos lineamientos técnicos sobre esta materia!

Mayor información sobre la actividadCentro de Políticas Públicas UC
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