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ACTAS DE CONGRESO CIMIE 2016
30 de Junio y 01 de Julio 2016
Sevilla – España

Libro Actas CIMIE16

Como parte de las actividades ligadas al desarrollo de la Investigación Doctoral y difusión de la ciencia en Iberoamérica, tuve la oportunidad de integrar mi trabajo dentro del V Congreso Internacional Mutidisciplinar de Investigación en Educación, organizado por  AMIE (Asociación Multidisciplinar de Investigación Educativa).

En lo específico, el trabajo presentado se titulaba El Docente como Mediador Emocional y Cognitivo en Contextos Vulnerados: Una Mirada Optimista para Repensar la Escuela” dentro de la línea temática de Didáctica y Organización Educativa.

Link Descarga de las Actas CIMIE 2016:  líneas temáticas
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Columna de Opinión – Sur Actual
28 de Junio 2016 
Sur Actual
Por Eduardo Sandoval Obando*
En el marco actual de tensiones y contradicciones existentes en torno a la educación chilena, donde observamos un Ministerio que opera desde una coalición política acéfala, que no está verdaderamente interesada en generar reformas estructurales al modelo, entregando muchas veces discursos de justicia y transformación social que sólo se reducen a promesas y cambios que nunca llegan. En la otra vereda, existe una oposición política aturdida, ambivalente, escasamente propositiva y que no logra construir un proyecto político renovado, participativo y coherente con las necesidades educativas de nuestro alumnado, puesto que muchos de sus integrantes han gozado de los beneficios y oportunidades de desarrollo que ofrece el mercado educativo chileno, ante una educación bancaria y desigual, fortalecida por el sistema económico imperante.
En adición a lo anterior, observamos un movimiento estudiantil que muchas veces actúa visceralmente ante las decisiones del nivel central, con una ausencia importante de ideas y propuestas concretas que representen a las niñas, niños y adolescentes de nuestro país, articulando movilizaciones (toma de colegios, paralización de actividades, marchas, destrucción de los centros en toma, etc.) con un escaso carácter constructivo y democrático, puesto que alteran significativamente el bienestar social, laboral o cultural de muchos otros ciudadanos. Ante esta realidad, nos preguntamos ¿Han perdido eficacia, sentido e impacto social, las “expresiones” que promueve el movimiento estudiantil? ¿Existen otras prácticas democráticas que expresen propositivamente el cambio social tan anhelado, en materia de educación?¿Cuál es la reforma que Chile Necesita? Por consiguiente, y aunque parezcan alarmistas nuestra reflexiones, creemos que las reformas escolares promulgadas el último tiempo siguen relegando a la primera infancia. Dicha situación podría entenderse porque no son una prioridad para los Gobiernos de turno, al no tener un voto para entregar en las futuras elecciones y porque muchos de ellos ni siquiera han sido consultados adecuadamente en las actuales discusiones legislativas[1]. Entonces, ¿cuáles son los esfuerzos reales que Chile ha generado, para proteger y estimular el desarrollo integral de nuestros niños, niñas y jóvenes? ¿Cómo podríamos unir la academia, los movimientos sociales y la Política en la protección de la primera infancia y el cambio que Chile Necesita?
De ahí surge la necesidad de transformar y replantear el paradigma de la escuela tradicional, dominada por una lógica cartesiana y dicotómica, para potenciar la subjetividad del propio alumno, mediante las Experiencias de Aprendizaje Mediado (Feuerstein, Rand y Rynders, 1998), que le permita construir, reconstruir y transformar su aprendizaje bajo una nueva lógica caótica y emergente, en múltiples direcciones, diversa y pluralista, donde la escuela se convierta en un punto de encuentros y desencuentros, donde la teoría y la práctica dialoguen al servicio de los alumnos y donde la educación sea vista de manera holística, sinérgica, partiendo desde las propias experiencias de los alumnos (Sandoval, 2012).
En este sentido, el desarrollo de las neurociencias ha posibilitado reconocer que la inteligencia y el cerebro infantil se puede estimular desde temprana edad, aprovechando su plasticidad cerebral, generando un mayor número de conexiones neuronales, y por ende, facilitando el aprendizaje de habilidades y mecanismos cognitivos que favorezcan su desarrollo emocional y cognitivo. En complemento a este enfoque, y en palabras de Costa (2002), existirían algunos hábitos mentales que contribuirían al máximo aprovechamiento cognitivo de los recursos que todo niñ@ posee, tales como la persistencia; el manejo de la impulsividad; la habilidad para escuchar con empatía; el pensamiento flexible y la metacognición; la creatividad y la innovación; el sentido del humor y la apertura al aprendizaje continuo.
Finalmente, es necesario recalcar la estrecha relación existente entre el afecto y el pensamiento, como promotor del aprendizaje. Es decir, cada niñ@ percibe y procesará la información de su tiempo y espacio escolar, con mayor facilidad si es valorado, apreciado, o querido. Su autoconcepto se va dibujando en función de la imagen que le devuelve su entorno (familiar, escolar, cultural, etc.), lo que le permite también valorarse, quererse y percibirse como competente y autónomo, potenciando la curiosidad, exploración y despreocupación del erro. Y Ud. ¿de qué manera se implica y potencia el desarrollo integral de su hij@? Participemos y promovamos desde las bases, el giro necesario que requiere nuestra educación actual…
[1] A modo de propuesta, destacamos la Nueva Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 (OREALC / UNESCO), que establece como su objetivo n°4 “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida para todas y todos”. Este compromiso global, adoptado por más de 193 países, hoy debe ser contextualizado a la realidad de América Latina y el Caribe. Para cumplir este objetivo, se desea conocer la opinión de la juventud y que su voz sea una orientación para las políticas educativas de los próximos años. Por ello, se invita a todos los y las jóvenes, entre 15 y 25 años, a participar de la consulta ciudadana “Diles qué quieres aprender”, a través de ella, tendrán la oportunidad de señalar qué es lo que quieren aprender y cómo quieren hacerlo para cumplir sus sueños, cambiar su entorno y construir un mundo mejor. Para mayor información, puede acceder al sitio web: http://www.dilesquequieresaprender.org/responda-a-consulta
Psicólogo. Postítulo en Sexualidad y Afectividad (U. de Chile). Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH. Interventor Clínico en Salud Mental – Atención Primaria.
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es
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Columna de Revisión en FOCO SOCIAL – Comunicaciones, Niñez y Adolescencia
  20 de Junio 2016


Por Eduardo Sandoval Obando*
Desde hace algún tiempo, han comenzado a emerger una serie de cuestionamientos y profundas interrogantes respecto a la eficacia y organización interna del Servicio Nacional de Menores (1) para intervenir y abordar integralmente a los niños, niñas y adolescentes (NNA) más vulnerables de nuestro país. 

Lo cierto es que paradójicamente se ha vuelto una costumbre, que los principales puestos de dirección y coordinación regional de este servicio, recaiga muchas veces en manos de profesionales que carecen significativamente de las competencias y la formación técnica necesaria, en materia de infancia y adolescencia, para la correcta conducción de un organismo que debiera ser prioridad para todo Estado. Lamentablemente en nuestro país, eso no ocurre, ya que se priorizan las conveniencias y/o acuerdos característicos del desgastado sistema partidista binominal, en que los lemas de cambio, igualdad y justicia social quedan solo como una promesa más sin cumplir de los políticos que dicen representarnos en el Congreso.

No cabe duda de que en materia legal, el Estado de Chile se ha caracterizado por ser un garante (al menos en el papel) de los diversos tratados y acuerdos internacionales que apuntan a la protección de los NNA, expresado por ejemplo, en la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CIDN), ratificada por Chile el 26 de Enero de 1990 y su “Protocolo Facultativo de la CIDN, relativo a la participación de niños en los conflictos armados” (ratificado el 15 noviembre 2002), el Protocolo Facultativo de la CIDN relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía” (ratificado por Chile el 28 junio de 2000); el “Convenio 138 de la OIT sobre la edad mínima de admisión al empleo” (ratificado el 1 de febrero de 1999); el “Convenio 182 de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil” (ratificado el 17 julio de 2000), etc. Estos acuerdos internacionales, complementan la legislación chilena y justifican la acción del SENAME, la creación de los tribunales de Familia (2004), la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente N° 20.084 (para la implementación de un modelo de justicia juvenil), la escolaridad mínima obligatoria de 12 años, la Ley de Subvención Escolar Preferencial N° 20.248 (SEP), etc. Pero ¿Cuáles han sido los nudos críticos que han generado la implementación de estas políticas? ¿Cómo es posible que nuestros NNA más vulnerables, continúen siendo un tema pendiente en Chile? ¿Cuándo serán prioridad? ¿Cuántos recursos se invierten y destinan, al análisis de procesos investigativos sistemáticos que retroalimenten oportunamente el accionar del SENAME?

Al respecto y en palabras de Sandoval (2012), tales reformas explicitan las múltiples deficiencias existentes, en lo referente al papel del Estado y del SENAME, en materia de justicia juvenil, puesto que la mayoría de los modelos existentes en América Latina (inmaduros y ambiguos, dada su reciente creación), no están logrando la efectividad que desean, entre otras cosas, debido a:
  • No se observa una articulación adecuada entre la justicia y los otros poderes del estado (en especial educación, y otros sectores como salud, cultura, trabajo, etc.), mermando notoriamente las posibilidades de desarrollo, integración y participación social.
  • Nula presencia de herramientas, estrategias y programas especializados para el seguimiento del adolescente, una vez que cumple con la medida o sanción judicial, para abordar apropiadamente la situación escolar y educativa de estos jóvenes.
  • El impacto de estos modelos, sólo es evaluado en términos de reincidencia penal (es decir, nueva comisión de un delito cometido por el joven mientras se encuentra cumpliendo una medida o sanción judicial), pero en ningún sentido abordan específicamente la reinserción social del adolescente.

Al parecer el SENAME debiera ser capaz de plantear técnicamente los puntos críticos de su intervención en materia de protección de la infancia y justicia juvenil, para responder a los requerimientos y compromisos más urgentes que enfrenta nuestra sociedad, y al mismo tiempo, de ser coherente con los tratados pactados internacionalmente. 

En este sentido y a modo de propuesta, reiteramos la necesidad de mejorar el presupuesto (2) destinado a nuestros NNA más vulnerable, priorizando la protección de la primera infancia (centros residenciales que atiendan a 10-15 niños como máximo, con una infraestructura acorde a sus necesidades), mejorar los procesos de selección, especialización técnica y carrera funcionaria del personal de trato directo y profesionales que integran el eje de protección y justicia juvenil; fomentar el estudio e investigación con recursos públicos (una prioridad para CONICYT, por ejemplo), desde las Ciencias Sociales y Humanidades, para reconocer aquellas experiencias exitosas de intervención o los nudos críticos que puedan surgir en este contexto (es decir, una Alianza colaborativa entre la Universidad y los profesionales que intervienen cotidianamente); incorporar e integrar transversalmente, una mirada transdisciplinaria y crítica respecto a las verdaderas necesidades de intervención y características de las infancia y adolescencia compleja, para ejecutar procesos de intervención transformadores, oportunos, diferenciados y sistemáticos. La oportunidad de reflexionar y transformar esta difícil realidad está planteada.

(1) El Servicio Nacional de Menores (SENAME) es un organismo gubernamental centralizado, colaborador del sistema judicial y dependiente del Ministerio de Justicia. Se encarga de la protección de derechos de niños, niñas y adolescentes, además de regular y controlar la adopción en Chile. Fue creado por el Decreto de Ley N 2.465 del 10 de enero de 1979, que constituye su Ley Orgánica publicada en el Diario Oficial el 16 de enero del mismo año. Un decreto supremo del 5 de diciembre de 1979 fijó la planta, entrando en funciones el 1 de enero de 1980 (SENAME, 2016: en línea).

(2) A pesar de que los organismos colaboradores atienden al 97.4% de los niños, niñas y adolescentes que ingresan a la Red Sename, los recursos transferidos corresponden sólo a un 64% del total de recursos disponibles en dicho Servicio, el cual atiende a un 2,6% de los NNA que llegan a la Red y dispone de un 36% de su presupuesto anual (Ciudad del Niño, 2016).

* Eduardo Sandoval Obando es Psicólogo. Postítulo en Sexualidad y Afectividad (U. de Chile). Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH. Interventor Clínico en Salud Mental – Atención Primaria.
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es 
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Columna de Opinión – Sur Actual
03 de Junio 2016 
Sur Actual
Por Eduardo Sandoval Obando*
Lo ocurrido el 21 de mayo, en el Zoológico Metropolitano de Santiago, en donde un joven de 20 años probablemente afectado por un trastorno psiquiátrico (cuadro psicótico complejo, acompañado de un delirio místico), concluyó con la muerte de dos leones y una serie de cuestionamientos a los protocolos de seguridad y al manejo de situaciones críticas que pueden surgir dentro de un zoológico. Lo anterior, provoca una serie de debates y contradicciones en la ciudadanía, respecto al dramático desenlace de esta situación. Algunos discuten enérgicamente la reacción de los operarios del zoológico, afirmando que era más importante preservar la vida de los leones, ante un “suicida” que solo quería acabar con su vida. Otras posturas más radicales, abogan por la revisión exhaustiva de la funcionalidad y/o sentido de los zoológicos en Chile y el mundo, de las estrategias de conservación que estos centros poseen en miras a la protección y resguardo de las especies en extinción o incluso del rol educativo que podrían tener estos servicios, si existiesen políticas transversales efectivas que incentiven el cuidado por la protección al medio ambiente y a los seres vivos que conforman nuestro ecosistema.
Sin embargo, este evento tan atípico y complejo, debería hacernos reflexionar profundamente sobre una temática que aun a nuestro juicio, sigue siendo un tema pendiente en Chile. Nos referimos a las estrategias y políticas existentes en torno a la Salud Mental en nuestro país, ya que este eje del Ministerio de Salud sigue siendo el “hermano pobre” de nuestro sistema sanitario. Al respecto, la OMS señala que un 17,2 % de las personas en Chile sufre de depresión, lo que ubica al país por encima de los niveles mundiales de esta enfermedad. Asimismo, este organismo recomienda destinar un 5 % de los recursos en salud a esta área, pero contradictoriamente, la realidad nacional indica que solo se destina un 2,5 %. A este panorama, se suma que Chile junto con Corea del Sur, son las dos naciones en que la tasa de suicidio de niños y adolescentes aumenta cada año en vez de disminuir; el 35 % de los mayores de 15 años han sufrido un problema psiquiátrico, donde existen altas tasas de automedicación y en que las problemáticas de salud mental están relacionadas con el 26 % de las licencias médicas emitidas durante el último año. Entonces ¿son suficientes los medios y recursos existentes actualmente para afrontar las necesidades de salud mental en nuestro país? ¿Cuál es el impacto real de los esfuerzos que se han generado en materia de promoción y prevención en salud mental?
¿Cuál es la reflexión que el Estado genera en materia de protección de la primera infancia? ¿Qué hace falta para generar una Ley integral de Abordaje de la Salud Mental en Chile?
Además, el caso de Franco representa la realidad de miles de personas que deambulan en nuestra sociedad, arrastrando una serie de diagnósticos y trastornos de salud mental que deterioran su calidad de vida y posibilidades de desarrollo (a nivel individual, familiar, laboral, cultural o comunitario), ante una sociedad cada vez más deshumanizadora, individualista, desconocedora de los aspectos que afectan la salud mental y discriminatoria. Pero ¿conocemos realmente la historia de vida de este joven? ¿Cuál era su condición de salud, al momento de realizar este acto? ¿Cuáles eran sus redes de apoyo? ¿Es posible que los dispositivos de salud mental llegaron tarde en este caso y en muchos otros que terminan acabando con su vida? Como sociedad, ¿tenemos conciencia respecto a lo que implica un trastorno de salud mental? ¿Cuáles son las posibilidades de mejora y/o desafíos de Chile tiene, en materias de salud mental? ¿Los sistemas de protección del Servicio Nacional de Menores que atendieron a Franco durante su infancia realizaron una adecuada intervención? ¿Cuál es la reflexión que el Estado genera en materia de protección de la primera infancia? ¿Qué hace falta para generar una Ley integral de Abordaje de la Salud Mental en Chile? Quizás esta temática sigue siendo un protagonista invisible ante quienes toman las decisiones en el nivel central.
Lo cierto es que para muchas personas que han enfrentado (directa o indirectamente), un trastorno de salud mental, han conocido de cerca una realidad bastante sombría, caracterizada por los altos costos que implica tener un tratamiento psiquiátrico oportuno y deferente (puesto que muchos de los profesionales que poseen esta especialidad, atienden mayoritariamente en forma particular); los estigmas sociolaborales que acarrea una enfermedad de salud mental; la patologización de las conductas y el largo peregrinaje que implica, el acceso a procesos psicoterapéuticos de calidad en el sector público, ya que muchos de estos profesionales deben priorizar el “rendimiento” en la atención de pacientes (10 a 15 minutos por atención), por sobre el vínculo con el consultante; las metas colectivas y los avatares de un ministerio, que está más interesado en los resultados objetivos y medibles, en desmedro de la calidad y rigurosidad en la atención de los usuari@s. Más aún, existe una absoluta despreocupación por el cuidado y la protección al personal que se desempeña en estas unidades, quienes enfrentan cotidianamente el malestar de la sociedad, la ausencia de condiciones dignas de trabajo y un pobre autocuidado, entre otros.
Finalmente, realizamos un llamado a las autoridades y organismos competentes en materias de salud, para que generen acciones concretas y específicas en el abordaje y protección de la salud mental en Chile para responsabilizarnos empáticamente de  los desafíos que como país tenemos en la comprensión de los trastornos de salud mental y de la inclusión de quienes las padecen, de las falencias y oportunidades de mejora que requiere nuestro sistema sanitario para responder efectivamente a las necesidades de nuestra población y de las complejidades del mundo actual.
Psicólogo. Postítulo en Sexualidad y Afectividad (U. de Chile). Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH. Interventor Clínico en Salud Mental – Atención Primaria.
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es
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Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación

Ámbitos Revista Internacional de Comunicación
Número 32
Departamento de Periodismo II; Universidad de Sevilla, España.
Mayo 2016

Título: SOCIAL LINGUISTICS AND LITERACIES: IDEOLOGY IN DISCOURSES
GEE, J. (2015). Social Linguistics and Literacies: Ideology in Discourses (Fifth Edition). London and New York: Taylor & Francis Group. 282 pp.
Por Eduardo Sandoval Obando
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es 
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La presente obra, continúa siendo una interesante propuesta de convergencia, intercambio, análisis e incluso de discusión para las ciencias sociales y humanidades; pero particularmente para la educación y la lingüística, tomando como eje de referencia los procesos de alfabetización y el discurso, abriendo el análisis hacia otras temáticas como las relaciones sociales, modelos culturales, el poder y la política. Asimismo, invita a un interesante recorrido y análisis reflexivo respecto a los aportes del autor, en que se identifica la propensión de las ciencias sociales, por destacar el protagonismo que adquiere el lenguaje en la construcción del conocimiento, la transformación de las prácticas sociales y las pautas comunicativas que inciden en nuestras prácticas discursivas. Dicho de otro modo, los discursos se entienden como formas de estar en el mundo, formas de vida, que son siempre y en todas partes, sociales en donde el lenguaje y la alfabetización, adquieren sentido y en la que estas prácticas sociales se encuentran íntimamente ligadas a teorías, normalmente tácitas, las cuales potencian o incapacitan a las personas o comunidades. De ahí que este libro, pretende entregarnos herramientas y reflexiones, para explicitar las teorías que emergen dentro de este complejo campo de estudio.
Para cumplir con lo anterior, Gee construye su trabajo sobre diecisiete capítulos (incorporando una serie de observaciones y reflexiones que enriquecen y potencian aún más, lo contenido en las primeras ediciones de esta obra), a través de los cuales intenta desarrollar y explicitar, a nuestro juicio, tres premisas fundamentales: brindar una perspectiva general acerca de los diversos enfoques socioculturales que emergen en el estudio del lenguaje y los procesos de alfabetización; aportar y describir un enfoque específico para el análisis del discurso (entendido también como lenguaje en uso dentro de la sociedad) y formular una teoría sobre el lenguaje y la alfabetización, en que el discurso se transforma en el eje rector  de esta propuesta.
En los capítulos iniciales, Gee nos entrega una clara definición acerca de las teorías, entendidas como modelos culturales de los cuales no hay escapatoria, pues están inevitablemente enraizadas en nuestras experiencias sociales y culturales. Es decir, engloban aquel corpus de generalizaciones sobre un área (la lengua y sus procesos de alfabetización por ejemplo), en cuyos términos pueden encuadrarse las descripciones de los fenómenos y darse explicaciones de los mismos, sirviendo de fundamento de las creencias y pretensiones de conocimiento, que puede ser más o menos tácita dentro de las relaciones humanas. Por otra parte, se afirma que las ideologías corresponden a teorías sociales que incluyen generalizaciones (creencias u afirmaciones) acerca de la forma o formas en que se distribuyen los bienes en la sociedad. De tal modo, que las ideologías son importantes porque al interactuar con la historia y las bases materiales de la sociedad, nos permiten explicar, crear o incluso dispensar la distribución de los bienes. Pero ¿qué relación tiene la teoría y la ideología en el lenguaje? La respuesta es categórica, dado que al asumir una perspectiva social en el estudio del lenguaje, inevitablemente emergen los discursos (formas de comportarse, interactuar, valorar, pensar, creer, roles, fetc.), que conllevan teorías y a su vez, en estas mismas subyacen las ideologías. Por ende, el lenguaje no tiene sentido fuera de los discursos y dentro de esta perspectiva, la lingüística es una materia moral de enorme importancia para el análisis de los mismos y la superación de los problemas que afectan a la sociedad.
Desde esta perspectiva, nos permite comprender que la historia de la alfabetización (descrita como la capacidad individual del sujeto de leer y escribir) nos lleva a rechazar su visión tradicional y reemplazarla por una perspectiva contextualizada social y culturalmente; dado que durante largos periodos de la historia, se convertía en un proceso de segmentación social que consolidaba las diferencias de clase entre las personas respondiendo a los modelos económicos imperantes. Sumado a lo anterior, la escuela reproducía estas diferencias para la mantención del statu quo; cobrando sentido el “mito de la alfabetización” planteado desde los griegos y posteriormente, reforzado por Platón, quien rechaza toda forma de lenguaje o pensamiento que no sea capaz de responder a la pregunta ¿Qué quieres decir?, en un intento por desenmascarar las apelaciones de la autoridad y tradicionalismos imperantes que esconden la verdadera búsqueda de la verdad; potenciando la voz que está tras el texto. Lo mismo ocurre con los procesos de alfabetización guiados por la religión, cuyo objetivo central era la promoción de la fe y la vida cristiana, la promoción del carácter y la formación ciudadana dentro de un estado dominado por la religión, y en que todo aquello que se apartara de estos valores, debía ser reprimido y objetado, coartando las verdaderas oportunidades de desarrollo de las personas.
Ante esta realidad, Gee recalca la necesidad de promover una alfabetización liberadora (recurriendo a los planteamientos de Paulo Freire), en que leer implique descifrar la escritura (múltiples capacidades de leer); y el escribir, exija al sujeto, ser capaz de codificar el lenguaje en una forma visual. Por ende, la práctica alfabetizadora estará siempre integrada y entrelazada a las prácticas sociales más generales como la conversación, la interacción, los valores, las creencias, etc.
En la misma línea, recalca que la alfabetización tradicional, excluye los contextos socioculturales en que se encuentra inmersa y la trata como una competencia cognitiva asocial ajena a las relaciones humanas; privilegiando a las élites dominantes y como un medio idóneo para el control de los sujetos. De esta forma, el saber se transforma en un requisito esencial para aspirar al poder, y al mismo tiempo, como la puerta de entrada para la domesticación de los disidentes (es decir, como herramienta socializadora para el pobre); destacando el valor de la lógica y el pensamiento abstracto, el razonamiento y el individualismo, el crecimiento de la burocracia y los sistemas de gobierno despersonalizados. Lo anterior, lleva a que la alfabetización sea fragmentaria y socialmente distante, separando la escritura del habla. Pero no podemos olvidar, según Gee que lo importante no es la alfabetización, en cuanto capacidad descontextualizada de leer o escribir, sino las prácticas sociales que las personas aprenden al formar parte de un grupo social determinado (religioso, escolar, comunitario, deportivo, etc.). Asimismo, es imperativo complementar los enfoques socioculturales de la alfabetización y el lenguaje, con los trabajos realizados desde la psicología, acerca de las cogniciones sociales para aspirar a la construcción de un modelo integral de la mente, el cuerpo y la sociedad.
Hasta el momento, el texto desarrollado por Gee, logra explicitar la forma en que los sujetos construimos diversos discursos, de acuerdo a los procesos de alfabetización en los que nos desarrollamos y que estos, a su vez, reflejan una de nuestras múltiples identidades. Tal como se describe en la obra, nadie habla un lenguaje único y uniforme ni tiene una identidad única y uniforme. Al contrario, los distintos lenguajes sociales que utilizamos nos permiten hacer socialmente visibles múltiples quiénes (somos) y qués (qué hacemos), representado mediante una interacción simultánea que Gee plantea a tres niveles: a) nuestra pertenencia a grupos sociales o culturales (étnicos, clase social, sociales, culturales, educativos y de género, etc.), b) un lenguaje social o una mezcla de ellos y c) un contexto concreto (personas, objetos, lugares por ejemplo). Este marco de análisis sociocultural repercute e influye en la adquisición del lenguaje y los procesos de alfabetización, así como también en la adquisición de la cultura por parte de las personas (aculturación), que aspiran a incorporarse en las culturas dominantes de la sociedad. A su vez, estos modelos culturales varían y difieren según los diversos grupos culturales, varían con el tiempo y los cambios de la sociedad; involucrándonos además en exclusiones de las cuales no somos conscientes. Al ser ocultas, son primero ideológicas (implican teorías sociales) completamente tácitas que recogen creencias sobre la distribución de los “bienes” (prestigio, poder, deseabilidad, centralidad) de la sociedad, los cuales pueden entrar en conflicto al interactuar con distintos grupos socioculturales por sus contenidos, forma de utilizarlos y por los valores y perspectivas que conllevan. De manera que con frecuencia, los valores de la cultura dominante son cómplices de la opresión a las culturas que no pertenecen a la mayoría. Por consiguiente, es en la escuela donde el maestro, debe ser capaz de centrar la atención de los estudiantes en los aspectos destacados de la experiencia, en la compleja red de modelos culturales; recalcando que no hay un conocimiento verdadero de la lengua, sin un conocimiento de los modelos que la dotan de sentido, aspirando a que los estudiantes puedan trascender tanto los modelos culturales de sus culturas maternas, como las de la cultura mayoritaria y la escolar, entre otras.
Ahora bien, notamos que en lo sucesivo, la obra de Gee profundiza directamente en el análisis del discurso explicitando algunas de sus teorías. Así, declara que el discurso estaría caracterizado por 5 elementos interrelacionados entre sí: la prosodia (formas de decir las palabras y oraciones del texto), la cohesión (formas lingüísticas de conexión entre unas oraciones y otras), la organización del discurso de un texto (formas de organizar las oraciones en unidades de orden superior), señales de contextualización (mediante las que los hablantes y escritores indican a los oyentes y lectores lo que ellos consideran el contexto) y la organización temática del texto (formas de señalizar y desarrollar los temas). Con todos estos elementos, los hablantes comunican siempre más que el mensaje literal, y por otra parte, la variabilidad es fundamental para el lenguaje, quedando demostrado a partir del análisis de oraciones simples tomadas por el autor (argumentos utilizados por una joven judía de clase media baja, acerca de su fe en el destino), donde se refleja la multiplicidad de interpretaciones que emergen de estos relatos, y en los que a partir de distintos lenguajes sociales, intrínsecamente ligados se desprenden señales como el status y la solidaridad, situados por supuesto en diversos entornos e instituciones sociales. En definitiva, estas creaciones de sentido se transforman en una práctica social y política.
En lo sucesivo, se afirma que la alfabetización se ha ido convirtiendo en un bien de consumo que puede medirse, comprarse e incluso venderse (reflejando, la crisis de la institución escolar). Asimismo, los discursos serán formas de exhibir la pertenencia a un determinado grupo o red social, incorporando un conjunto de intereses, metas y actividades, valores, herramientas y objetos, creando en definitiva, posturas sociales. De manera adicional, los discursos son: intrínsecamente ideológicos, resisten a la crítica interna y al autoexamen; proponen puntos de vista y valores, pero al mismo tiempo, marginan los puntos de vista de otros; dado que se relacionan con la distribución de los bienes sociales y representan los intereses de los grupos dominantes. Todos estos elementos, nos demuestran que la historia de los discursos es una historia de luchas, contiendas y cambios. Enriqueciendo esta perspectiva, Gee plantea la existencia de discursos primarios (cuyo aprendizaje se adquiere por medio procesos de socialización primaria, configurando nuestra identidad social) y secundarios (cuyo aprendizaje se logra por medio de la inserción del sujeto en diversos grupos e instituciones locales, estatales y nacionales; sobre los cuales tenemos mayor consciencia y dominio); destacando que una enseñanza exitosa, será aquella capaz de inculcar un discurso (y no sólo contenidos), explicitando su carácter político frente a los sujetos.
Finalmente, en el resto de la obra, el autor nos conduce al análisis crítico del lenguaje en el marco de referencia de un discurso, dotado de valores y de carácter político (en su sentido más amplio), imbricado en las relaciones humanas, en las que están en juego el poder y los bienes sociales; sin olvidar que las formas de actuar de las personas nos expresan algo sobre su modo de interpretar el discurso y el entorno en el que suponen que están. Así, queda explicitado que los discursos “se hablan” entre sí a lo largo de la historia; la lengua se mezcla con cuerpos, objetos y herramientas. Fuera de los discursos, la lengua y la alfabetización carecen de sentido, razón por la cual, el estudio de la alfabetización (y el lenguaje por supuesto), trasciende toda disciplina. De ahí, que las escuelas (como espacios de transformación social y construcción crítico del discurso), están llamadas a incentivar en sus estudiantes, una mayor capacidad reflexiva y porque no decirlo, también crítica de su sociedad y los discursos (entendidos como teorías sobre el mundo), transformándolos y ampliándolos para el beneficio de los entornos socioculturales en los que se insertan e interactúan. Sólo de esta manera, podrán aspirar a la adquisición de un metalenguaje sobre sus propios discursos. y los que en un futuro emerjan. Este saber, sin duda es un poder y una cuestión moral fundamental, que con la ayuda de la lingüística, dota de un conocimiento valioso para las Ciencias Sociales y Humanidades, dotadas de un sentido político, que le posibiliten transformar el mundo, luchar contra el statu quo imperante y favorecer el cambio social, mediante la construcción e instalación de una alfabetización liberadora para todos y todas.
Para Citar Reseña: Sandoval, E. (2016). Reseña de Gee, J. (2015). Social Linguistics and Literacies: Ideology in Discourses (Fifth Edition). London and New York: Taylor & Francis Group. 282 pp. En Ámbitos – Revista Internacional de Comunicación, 32. ISSN: 1988-5733 (en línea) 
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