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Columna de Opinión – Sur Actual
06 de Abril 2016 
Sur Actual
Por Eduardo Sandoval Obando*

Como cada año, la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante el presente mes, celebra y conmemora 2 eventos de enorme relevancia en el campo de la salud pública. El 06 de abril se celebra el Día Mundial de la Actividad Física y el 07 de abril, el Día Mundial de la Salud, destacando el interés y compromiso de las naciones por promover sistemáticamente la actividad física como un factor protector de enorme relevancia para la protección de nuestra salud. Por actividad física se entiende todas aquellas actividades que involucren y estimulen el movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, que lleva consigo un consumo de energía, por sobre el metabolismo basal. La intensidad y frecuencia con que se desarrolle la actividad física, depende y varía según las necesidades y/o características de las personas (edad, peso, actividad ocupacional, condición de salud, etc.). Como ejemplos de actividad física, podemos mencionar: caminar a paso ligero, bailar, andar en bicicleta, nadar, correr, subir escaleras, etc.
La realidad sanitaria mundial es preocupante en términos de nuestra salud física y nutricional, puesto que de acuerdo a la OMS (2008) se estimaban unos 347 millones de personas, en todo el mundo, las que tenían diabetes, enfermedad cuya prevalencia va en aumento, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos. En este mismo ámbito, durante el 2012, esta enfermedad fue la causa directa de unos 1,5 millones de defunciones, de las que más del 80 % se produjo en países de ingresos bajos y medianos (entre los que se encuentra Chile). Más aún, según las previsiones de la OMS, la diabetes será la séptima causa de defunción para 2030.
http://www.proclamadelcauca.com/wp-content/uploads/2014/09/Estilos-de-vida-saludables.jpg
En nuestro país, las cifras no son para nada alentadoras, puesto que de acuerdo a la OPS (2015) Chile ocupa el primer lugar en Sudamérica, con un 27,8 % de obesidad en la población (32,3 % y 23,3 % para mujeres y hombres, respectivamente). Asimismo, de acuerdo a las estimaciones del Ministerio de Salud, se señala que el 34 % de los niños chilenos menores de seis años padece obesidad o sobrepeso (es decir, el 10 por ciento de los niños es obeso y el 24 % restante, tiene sobrepeso). Al respecto, vale la pena reflexionar en torno al impacto que han tenido o no las diversas reformas sanitarias, educacionales y/o culturales que Chile ha generado (Elige Vivir Sano, Quioscos saludables en los establecimientos educacionales; Ley del Tabaco; rotulación de los alimentos, etc.), para responder a este problema de salud mundial que genera enormes consecuencias sobre la salud de las personas. Junto a ello, es importante recalcar que ninguna de las reformas implantadas son suficientes para responder efectivamente a estas problemáticas.
Al contrario, creemos necesario y tremendamente relevante que como ciudadanos podamos reflexionar y transformar nuestros estilos de vida, aumentando nuestra conciencia y compromiso individual, acerca de cómo nos alimentamos y/o de las acciones que desplegamos para proteger nuestra salud. Por ejemplo ¿Cuántas veces a la semana, practica y/o realiza actividad física recreativa? ¿Cómo se alimenta y que alimentos usualmente consume? ¿Es fumador? ¿Con qué frecuencia consume alcohol? ¿Se realiza anualmente un chequeo médico preventivo? ¿Cuánto invierte, anualmente en aspectos ligados a la protección de su salud? ¿De qué manera aprovecha y utiliza las áreas verdes disponibles en nuestra ciudad? ¿Qué cambios está dispuesto a realizar para mejorar e incorporar un estilo de vida saludable?
Paradójicamente, nos parece relevante señalar que existe bastante consenso en el campo científico respecto a que 30 minutos de actividad física recreativa (de intensidad leve a moderada, tales como caminar, andar en bicicleta, trotar, subir escaleras, etc.) durante 3-4 veces a la semana, pueden marcar la diferencia  entre la vida o la muerte, para proteger la salud, puesto que entrega múltiples beneficios, tales como: reduce el riesgo de aparición de enfermedades crónicas no transmisibles (diabetes, hipertensión arterial, obesidad, etc.), mejora la salud ósea funcional, contribuye al equilibrio calórico y el control de peso; fortalece y protege la salud mental (a través de la liberación de endorfinas), etc. Y Ud. ¿Qué cambio está dispuesto a realizar, en su rutina diaria, para proteger su salud?
Finalmente, reiteramos el llamado a la concientización y ejecución de acciones individuales / grupales y/o comunitarias concretas que contribuyan a incentivar la actividad física en sus contextos de origen, potenciando la construcción de una perspectiva holística, en la promoción de la actividad física y la salud que no se reduzca a la oferta esporádica de actividad física o el desarrollo de otra estrategia sanitaria aislada de promoción. Necesitamos de una transformación educativa, cultural y política que favorezca participativamente el acceso al conocimiento teórico-práctico y la reflexión crítica sistemática sobre nuestra salud. Ciertamente, el desafío es de tod@s.


[1] Psicólogo. Postítulo en Sexualidad y Afectividad (U. de Chile). Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH.
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es 
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Columna de Revisión en FOCO SOCIAL – Comunicaciones, Niñez y Adolescencia
  31 de Marzo 2016
 

 

Los últimos años, hemos sido testigos de una serie de transformaciones y reformas en nuestro sistema escolar, producto de una serie de demandas planteadas y sentidas, por los diversos actores educativos (profesores, estudiantes, familias, asistentes de la educación, etc.), las que se fueron consagrando y explicitando gradualmente, tras la aprobación de la Ley General de Educación N° 20.370, en diciembre de 2009.

Esta iniciativa legal, aprobada durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, buscaba generar diversas modificaciones en los procesos de admisión (limitando la facultad que tienen los establecimientos de discriminar a sus alumnos por motivos económicos por ejemplo, aspecto reforzado con la Ley de Inclusión Educativa que entró en vigencia, a contar del 1 de Marzo 2016), currículum obligatorio, formación del profesorado, reconocimiento oficial de los establecimientos educacionales y la aplicación gradual de un modelo de gestión y “administración” de los aprendizajes del alumnado, incorporando diversas estrategias y procedimientos característicos del mundo empresarial, orientados a la medición y evaluación de resultados, para aunar esfuerzos y recursos, en la tan ansiada búsqueda y mejora de la calidad de la educación chilena.
 
De igual manera, se estipulan una serie de transformaciones a la Ley de Aseguramiento de la calidad de la educación (ampliando las atribuciones de la Superintendencia de Educación Escolar), el aumento de los fondos designados a los estudiantes más vulnerables, a través de la Ley SEP y la ley de gratuidad, en la educación superior. Sin embargo, ¿Cuál es el impacto real, que han tenido estas reformas, en los procesos educativos de nuestros estudiantes? ¿De qué manera han sido escuchados y considerados las voces e inquietudes de los actores educativos (profesorado, alumnado, asistentes de la educación, estudiantes, etc.) en estas reformas? ¿Qué acciones específicas, han fortalecido y resignificado la profesión docente? ¿Cuál es el sentido político y/o pedagógico, de continuar potenciando la enseñanza media y/o superior, relegando la educación preescolar?
 
Al respecto, nos parece importante y significativo, señalar la enorme importancia que adquiere, el centrar nuestra mirada y esfuerzos, en potenciar la educación preescolar, puesto que es ahí, donde se juega el verdadero desafío de la educación chilena, para avanzar en equidad y mayor justicia social para todos y todas. Los últimos avances en las neurociencias, demuestran las ventajas significativas que aportan la estimulación temprana (valorando el aporte de iniciativas gubernamentales como el Programa Chile Crece Contigo por ejemplo), el aprovechamiento de las ventanas de aprendizaje y la construcción de políticas públicas integrales, que valoren y resguarden los derechos de los niños y niñas en Chile.

Las experiencias internacionales en países como Finlandia, Suiza, India, Canadá y Estados Unidos (entre otros), demuestran y exhiben las ventajas educativas que aporta un programa de protección integral de la infancia, incidiendo en mejores desempeños en lenguaje y matemáticas, mayores tasas de empleo, menores tasas de deserción escolar, menor dependencia de programas sociales (disminuyendo el gasto social y/o reorientando la asignación de recursos), disminución de las tasas de criminalidad (puesto que las intervenciones en el ámbito de la protección de derechos, llegan oportunamente a quienes están en situación de riesgo; potenciando los factores protectores en el entorno inmediato del menor y privilegiando el trabajo intersectorial), la protección y empoderamiento de la familia (en apego, estilos de crianza, desarrollo socioemocional, etc.), entre otros resultados beneficiosos, que justifican los costos de implementación, y al mismo tiempo, acompañado de un sistema de evaluación transversal, que retroalimenta al personal que se desempeña en estos modelos de intervención. Esperamos que las iniciativas propuestas desde el Ejecutivo, en torno al Consejo Nacional de la Infancia, permita avanzar política y educativamente, en la protección y desarrollo transversal de nuestros “locos bajitos”… puesto que son ellos, nuestra mayor riqueza, y por ende, tenemos el deber de reflexionar y resignificar los esfuerzos desplegados hasta ahora, en torno al cumplimiento de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

* Eduardo Sandoval Obando es Psicólogo, Postítulo en Sexualidad y Afectividad de la U. de Chile; Diplomado en Modelo Salud Familiar de la U. de Chile; Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas; Doctor © en Ciencias Humanas, UACH. Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es 

 
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Columna de Opinión – Sur Actual
08 de Marzo 2016
 
 
Por Eduardo Sandoval Obando[1]
Este 8 de marzo, se recuerda el Día Internacional de la Mujer, en que se nos invita a reflexionar en torno al valor y protagonismo de la mujer, en los diversos ámbitos de desarrollo de la sociedad, reiterando la necesidad de fortalecer el compromiso mundial, por el trato igualitario de la mujer. Sin embargo, y quizás paradójicamente, la gestación de este día, se encuentra vinculado al trágico deceso de aquellas 140 mujeres trabajadoras (la mayoría de ellas, inmigrantes), que perdieron su vida, el 25 de marzo de 1911, en el trágico incendio que afectó a la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, en Nueva York (Estados Unidos). Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer (a nivel mundial), puesto que nos recuerda y explicita que el ser mujer, en los tiempos actuales es una tarea tremendamente compleja, difícil y aún, marcada por enormes desigualdades sociales.
Lo anteriormente expuesto, queda reflejado en las innumerables batallas y obstáculos que la mujer ha tenido que sortear, a lo largo de la historia, para defender sus derechos en la sociedad (acceso a la educación superior, el derecho a voto, el reconocimiento de sus derechos laborales, igualdad de género; el combate contra el machismo y la violencia; la regulación legislativa en materias de reproducción y lactancia, apoyo a la maternidad, etc.), evidenciando una vez más, que la “igualdad” o “equidad de género” sigue siendo un desafío pendiente, en muchos países del mundo.
En nuestro país, las mujeres también han debido luchar por el respeto a sus derechos y espacios de participación. Un ejemplo de esto, es el llamado “Decreto Amunátegui” (5 de febrero de 1877), que facultó a las mujeres, a entrar a la universidad. Asimismo, el 13 de abril de 1926, el senado aprobaría el voto femenino para las elecciones municipales; en 1932, nació la Asociación Nacional de Mujeres Universitarias, cuyo fin era extender las oportunidades culturales, económicas, cívicas y sociales de la mujer. Posteriormente, en 1949, bajo la presidencia de Gabriel González Videla, para las elecciones parlamentarias y presidenciales. Todos estos hitos, nos exhiben una realidad compleja, en que las mujeres deben luchar diariamente, por el ejercicio y respeto de sus derechos, desempeñando al mismo tiempo, múltiples roles y tareas (madre, esposa, abuela, hermana, profesional, jefa de hogar, etc.), con un nivel de excelencia, admiración y esfuerzo sorprendente.
Para este año, el lema propuesto por las Naciones Unidas, para el Día Internacional de la Mujer es “Por un Planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género“, reiterando la necesidad de promover y acelerar la Agenda 2030, para el desarrollo sostenible, que impulse decididamente, la aplicación efectiva de un desarrollo sostenible, democrático, igualitario y transformador para hombres y mujeres.
Acabar con el machismo y las desigualdades (sociales, culturales, religiosas, políticas, económicas, etc.) que afectan a nuestras mujeres, es quizás uno de los desafíos más relevantes que tiene nuestra sociedad, en los tiempos actuales; puesto que sólo desde allí, es que podremos construir un nuevo marco relacional, que reivindique y valore la enorme relevancia de la mujer, en el destino de la humanidad y el aporte significativo que ha realizado, en los diversos ejes de desarrollo científico, tecnológico, educativo, afectivo y político. Sin embargo, nos parece necesario plantearnos algunas interrogantes, tales como ¿Qué acciones concretas realiza Ud. cotidianamente, para reconocer y valorar a la mujer que tiene en su entorno inmediato? ¿Cómo potencia el desarrollo de la mujer (a nivel familiar, laboral, cultural o religioso)? ¿De qué manera, propicia las relaciones igualitarias entre hombres y mujeres?.
A modo de conclusión, nos resta desear un saludo afectuoso y sincero, a todas aquellas valientes mujeres que iluminan nuestros días, convirtiéndose en la mejor representación de amor, esfuerzo, entrega incondicional, protección, fortaleza, belleza e inteligencia. Porque son ejemplo palpable de la lucha y la constancia por el respeto y la igualdad, esperamos que los desafíos pendientes que las afectan (brechas salariales por ejemplo), nos permitan avanzar en una mayor protección y valoración de Uds., con reformas políticas efectivas, que reconozcan y potencien su desarrollo y aporte en la sociedad. Porque estamos convencidos de que “una mujer con imaginación, es una mujer que no solo sabe proyectar la vida de una familia y la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio” (Rigoberta Menchú).


[1] Psicólogo. Postítulo en Sexualidad y Afectividad (U. de Chile). Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH.
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es
 
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Columna de Revisión – Sur Actual
19 de Febrero 2016

Por Eduardo Sandoval Obando
Psicólogo

Desde hace algunos años, las instituciones políticas chilenas han comenzado a reflejar una serie de síntomas tremendamente negativos para la ciudadanía (Caso CAVAL, PENTA, SQM, por ejemplo), producto del comportamiento “éticamente reprochable” de diversos líderes y referentes políticos en los diversos ejes del servicio público (salud, educación, economía, gobierno, etc.), donde el lucro, el afán de poder y el éxito (al mínimo esfuerzo), instalan un clima enrarecido en la ciudadanía, marcado por la desconfianza, la impotencia y el repudio hacia quienes ostentan el poder en nuestro país.
Lo cierto es que en nuestro país se ha instalado fuertemente el tráfico de influencias, el cuoteo político de los cargos de responsabilidad en el servicio público y la mercantilización de las reformas políticas, en que el dinero y los intereses de los grupos de poder, dirigen implícita o explícitamente, las decisiones de los “honorables” que nos representan en el congreso, afectando dramáticamente el sentido de la democracia.
Aunque la mirada parezca catastrófica, basta con revisar los estudios internacionales de diversos organismos (OCDE, UNICEF, CEPAL, OMS, etc.), los que dan cuenta de que las desigualdades sociales en Chile persisten y se ramifican como un tumor cancerígeno sin tratamiento efectivo, llevándonos a un camino sin retorno (o al menos, con un panorama sombrío y complejo, en materia de desarrollo).
En primer lugar, nos asombra la actitud de muchos de los integrantes de los Gobiernos de turno, quienes se muestran absolutamente alejados o desconectados de los problemas de la gente, hablando de crecimiento, igualdad, acceso y calidad de la salud pública o incluso, justificando el alza de precio, de un medio de transporte; cuando nunca han utilizado un servicio de este tipo, puesto que han gozado de muchos de los privilegios de las clases de élite (educación privada, viajes al extranjero, puestos privilegiados de trabajo, “contactos” de primer nivel en el sector productivo público / privado, etc.), evidenciando una pobreza intelectual y una falta de empatía social, hacia la gran mayoría de los chilenos que luchan día a día para mejorar su calidad de vida y/o sobrevivir ante el modelo neoliberal.

En segundo lugar, observamos que este contexto inundado de injusticias, desigualdades y la íntima relación del dinero con la clase política (vínculo que no sorprende), va generando un impacto negativo y tremendamente peligroso para nuestras futuras generaciones. Lo anterior, guarda relación con que los múltiples casos de colusión (pollos, papel higiénico, farmacias, SQM, etc.), partidismo descarado (en que muchos cargos de responsabilidad y de enorme relevancia nacional, regional o local, son ocupados muchas veces por personas que no cumplen los requisitos técnicos exigidos para el puesto) y el descrédito de la política (producto de la falta de autocrítica, el descaro y la falta de ética de los gobernantes), transmiten la idea del éxito fácil, del “pituto” para alcanzar tus metas, la ley del mínimo esfuerzo (en que ni siquiera la formación de pregrado y/o postgrado puede asegurarte la estabilidad laboral, aspecto reflejado diariamente en la fuga del capital humano avanzado, por ejemplo), el egoísmo y el descaro frente al lucro, la probidad (como un factor irrelevante) y la pérdida de sentido por el “servicio público”.
En tercer lugar, creemos que este tipo de mensajes se ve fortalecido ante un sistema judicial que muchas veces actúa de manera laxa ante personajes que tienen cierto grado de reconocimiento público o privado (el caso Larraín, el choque de Arturo Vidal, el caso CODELCO, el tratamiento de la colusión; CAVAL, el supuesto endeudamiento del senador Navarro, etc.), reflejándose en un sinfín de medidas y condiciones accesorias a la privación de libertad. Entonces ¿por qué el robo de traje y corbata es menos cuestionable que el robo que comete una persona desempleada para alimentar a su familia? ¿Cuál es el sentido de justicia ante estas situaciones? ¿Qué naturaleza o formación ética es la que orienta la decisión de los jueces? ¿Existe realmente la independencia y la autonomía entre los poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial)?
Finalmente, nos parece relevante señalar que los diversos sucesos presentados en torno a la relación entre el dinero y la política requieren por parte de la ciudadanía un análisis profundo y crítico, de cara al futuro, que nos posibilite reflexionar respecto al país que queremos dejarle a nuestras futuras generaciones. Asimismo, resulta prioritario que valoremos el sentido de nuestro voto en las futuras elecciones, para que ejerzamos este derecho de manera responsable e informada, buscando la renovación transversal de los gobernantes por ciudadanos que no respondan al clásico partidismo, sino, más bien, a los intereses supremos del desarrollo integral, equitativo y democrático de los chilenos.
[1] Psicólogo. Diplomado en Docencia Universitaria. Diplomado en Salud Familiar (U. de Chile). Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas. Doctor © en Ciencias Humanas, UACH.
Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es  
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Columna de Revisión en FOCO SOCIAL – Comunicaciones, Niñez y Adolescencia
10 de Febrero 2016

Por Eduardo Sandoval Obando
En las últimas décadas, hemos estado expuestos a múltiples procesos de crisis y tensiones sociales, de carácter planetario (tales como: crisis económicas, conflictos armados, terrorismo; aumento de la pobreza y el desempleo; casos reiterados de colusión en la política y el mundo privado; aumento de la contaminación ambiental, etc.), los que impactan en el mundo escolar, y nos obligan a mirar, con mayor recelo y cuestionamientos, la cultura científica – economicista y el impacto del paradigma cartesiano sobre nuestra sociedad, considerando las enormes desigualdades sociales que nos rodean y fragmentan. 
Así, la modernidad y sus intentos infructuosos por mantener el statu quo, deben ser un foco de análisis profundo por parte de las ciencias sociales y de las humanidades, para indagar en los diversos influjos culturales que penetran en la vida escolar (prácticas pedagógicas y su impacto sobre la formación del sujeto, los aprendizajes y relaciones construidas entre el docente y el alumnado; la protección a la primera infancia; la importancia de la estimulación temprana, etc.), reafirmando la necesidad de construir y elaborar un pensamiento que integre la pluralidad y complejidad del aprendizaje, apto para captar la riqueza y diversidad de proyecciones imaginarias y creativas, para reconocer el juego de acciones y reacciones, de lo consolidado y de lo posible, para afrontar la creación de nuevas relaciones posibles, sin caer en los reduccionismos tecnocráticos que desconocen todo aquello que no sea cuantificable e ignoran las complejidades humanas. Tenemos que abandonar la falsa racionalidad, puesto que las necesidades humanas no son sólo económicas y técnicas, sino también afectivas y mitológicas (Morin, 1993).
Aunque parezca alarmista nuestra postura, creemos que las reformas escolares promulgadas el último tiempo, siguen olvidando y restando importancia a la primera infancia. ¿Será tal vez que no son una prioridad para los gobiernos de turno, puesto que no tienen un voto para entregar en las futuras elecciones? ¿qué medidas concretas han potenciado la educación preescolar (más allá de los discursos y promesas de campaña)? ¿Cuáles son los esfuerzos reales que Chile ha generado, para proteger y estimular el desarrollo integral de nuestros niños, niñas y jóvenes?.

Lo cierto es que somos testigos de la dura realidad que caracteriza al sistema escolar Chileno. Al respecto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2015), señala que nuestro país, se ubica en el 9° lugar del ranking de desigualdad, lo que implica que aquellos estudiantes provenientes de contextos vulnerados, tiene 6 veces más probabilidades de tener bajo rendimiento escolar. En la misma línea, el alumnado más vulnerable, tiene 4 veces más probabilidades de no lograr el nivel básico entre pares de su misma edad, pero provenientes de estratos sociales más altos. El sombrío panorama al que se enfrentan nuestros niños, niñas y jóvenes provenientes de entornos deprivadores, se vuelve aún más desolador, cuando: estos no han podido asistir regularmente a la educación preescolar; presentan inasistencia escolar reiterada; existen antecedentes de repitencia esolar; desajustes conductuales reiterados (sin un abordaje integral de tales comportamientos); ausencia de redes de apoyo para el núcleo familiar, etc.
Finalmente, y a modo de reflexión, resulta interesante reflexionar en torno al desafío que Chile tiene para las próximas décadas, en el abordaje y protección de la primera infancia, considerando que son precisamente nuestros niños, niñas y jóvenes, los que conducirán el destino de nuestro país. ¿Cuál es el mensaje que queremos transmitir, en materia educativa? ¿Qué esfuerzos estamos desplegando, como ciudadanos y actores sociales, frente a las enormes desigualdades que caracterizan nuestra sociedad? ¿La Gratuidad en la educación superior, permitirá cambiar esta realidad?. Esperamos que la razón y la visión de futuro, nos permita actuar a tiempo, para hacernos cargo del principal recurso que tiene un país… Nuestros niños, niñas y jóvenes. 

* Eduardo Sandoval Obando es Psicólogo, Postítulo en Sexualidad y Afectividad de la U. de Chile; Diplomado en Modelo Salud Familiar de la U. de Chile; Magíster en Educación, Mención Políticas y Gestión Educativas; Doctor © en Ciencias Humanas, UACH. Correspondencia a: eduardo.sandoval@correo.udc.es 
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