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Autocuidado en Contexto de Pandemia


25 de mayo 2020

Desde la experiencia acumulada en el campo de la psicología de la emergencia, es necesario enfatizar que gran parte de las catástrofes humanas no son sólo el resultado de un fenómeno natural u antrópico, sino que están vinculados a factores políticos, sociales, culturales y económicos que aumentan la vulnerabilidad y el riesgo.

Toda respuesta a un brote de una enfermedad -como el COVID 19- involucra responsabilidades personales, comunitarias y políticas. Por lo tanto, y más allá de las innegables desigualdades imperantes en Chile e independiente de las diferencias políticas o sobre la gestión de la emergencia sanitaria, se reitera el llamado a la responsabilidad, el autocuidado y la autoprotección a nivel familiar y socio-comunitario.

Las medidas sanitarias no son suficientes cuando la población exhibe conductas de riesgo tales como: precarios hábitos de higiene, no respetar el toque de queda y/o cordón sanitario, participar de reuniones y/o celebraciones familiares, incumplimiento de una cuarentena obligatoria, asistencia a centros de abastecimiento -ferias, supermercados, farmacias- sin medidas de seguridad, entre otras.

Es necesario fortalecer el intercambio de información y otros mecanismos de coordinación para la gestión y protección de la salud. Compartir ejemplos y experiencias de sistemas preventivos y de tratamiento, información actualizada sobre vacunas y medicina preventiva (fortalecimiento de la APS y la protección de la salud mental) y mecanismos de protección comunitarios centrados en el autocuidado.

Las complejidades e incertidumbres futuras sobre la salud global, junto con los cambios ambientales y sociales, aumentarán en el futuro. El desarrollo científico y tecnológico para hacer frente a las incertidumbres se está desarrollando y debe integrarse en la gestión de la emergencia en el contexto sanitario actual. Sólo así, podremos estar mejor preparados para afrontar las consecuencias al corto, mediano y largo plazo que traerá consigo el COVID 19 en Chile y el mundo.

Ver más: Researchgate

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Apoyo Social y Resiliencia Comunitaria: Un Camino Posible para una Cultura de la Prevención en Contexto de Pandemia
 
18 de mayo 2020

La pandemia provocada por el COVID-19 se ha transformado es una crisis sanitaria, económica y geopolítica sin precedentes en Chile y el mundo. Además, ha provocado cambios significativos en las prácticas de vida cotidiana de las personas como consecuencia de las medidas sanitarias dispuestas desde el nivel central (distanciamiento físico, toque de queda, cuarentena dinámica y la reciente implementación de la cuarentena obligatoria para personas mayores de 75 años, etc.) lo que ha incidido en la aparición de diferentes manifestaciones tales como el miedo al contagio, la incertidumbre, la ansiedad, fluctuaciones en el estado de ánimo, alteraciones en los patrones de sueño y alimentación, aumento de los niveles de estrés, entre otros. 

En vista de lo anterior, nuestro país se enfrenta a una emergencia sanitaria que provocará alteraciones importantes en la vida de las personas. Es decir, no solamente está en riesgo nuestra salud física (frente a un eventual contagio), sino que surgirán al corto, mediano y largo un conjunto de reacciones (cognitivas, emocionales, conductuales, etc.) que pondrán en jaque nuestra salud mental. Es díficil hablar de una ‘nueva normalidad’ frente a un evento altamente complejo y dinámico como el COVID 19, cuyas consecuencias e impacto sociosanitario, psicosocial, cultural y económico es aún incierto.

Precisamente por ello, desde la psicología de la emergencia resulta importante avanzar en el fortalecimiento de la medidas preventivas en la población para favorecer una cultura de la prevención frente a esta pandemia. Dentro de este ámbito, nos parece necesario reforzar tres dimensiones:

En primer lugar, se reitera la importancia de un cumplimiento estricto de los hábitos de higiene personal (cumplimiento distanciamiento físico, lavado frecuente de manos, uso de la mascarilla, etc.) y la promoción de estilos de vida saludables a nivel familiar y comunitario. Cuidarse para cuidar a otros/as es imprescindible. 

En segundo lugar, es prioritario avanzar en mecanismos y estrategias participativas e inclusivas de acción local orientadas a la planificación de la recuperación temprana, con enfoque de género, de manera que la prevención sea el eje rector en nuestra convivencia cotidiana. 

En tercer lugar, es necesario fortalecer la preparación y la respuesta a nivel comunitario. Al respecto, y basado en la literatura, se sabe que la percepción del riesgo influye fuertemente en la disposición de las personas para prepararse frente a una emergencia. Además, los vínculos sociales en las comunidades pueden desempeñar un papel importante al enfocar las percepciones de riesgo, convirtiéndose en predictores de las actitudes de los afectados/as hacia los desastres.

Finalmente, la gestión del riesgo de desastres (GRD), el Marco de Sendai, los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de Paris para el Cambio Climático aportan orientaciones de referencia para un giro epistemológico en la forma de afrontar esta pandemia. Fortalecer el apoyo social, la resiliencia comunitaria, el autocuidado y la cultura de la prevención frente al COVID 19 se instalan como un camino prometedor y necesario para afrontar responsablemente la emergencia socio-sanitaria actual.

Ver Más: Tiempo 21

Para citar:
Sandoval-Obando, E. (2020, mayo 18). Apoyo Social y Resiliencia Comunitaria: Un Camino Posible para una Cultura de la Prevención en Contexto de Pandemia. Tiempo 21. Recuperado de DOI: 10.13140/RG.2.2.25751.60325

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Procesos de duelo y recomendaciones para el manejo de la pérdida en contexto de pandemia

Psicosocial y Emergencias (España)

29 de abril 2020

Las últimas semanas nos hemos visto invadidos por datos epidemiológicos, implementación de cuarentenas preventivas graduales, el teletrabajo y un aumento progresivo de personas contagiadas por el COVID-19 en Chile. No obstante, y a pesar de la dureza de esta realidad, estamos ante la presencia de una pandemia que sigue generando estragos en la vida de miles de personas en el mundo junto a una tasa importante de fallecidos (más de 88 mil decesos en el mundo, según la OMS).

En vista de lo anterior, se observan factores en común que se instalan en nuestra cotidianeidad: el miedo al contagio, la muerte y los procesos de duelo, la dificultad de adaptación de las personas al aislamiento físico, la incertidumbre frente al avance y combate frente a este virus y un conjunto de reacciones (físicas, psicológicas, emocionales, cognitivas, etc.) que generarían cambios potencialmente significativos en nuestro comportamiento al corto, mediano y largo plazo (particularmente, T. del sueño, depresión, ansiedad, T. de adaptación, reacciones a estrés agudo y estrés postraumático).

Muchas personas están conviviendo cotidianamente con las pérdidas individuales, incluidas las enfermedades y la muerte atribuibles al COVID-19, la precarización del empleo y la cesantía, la falta de seguridad y control sobre la vida, la recesión económica e incluso individuos que, sin haberse visto afectados directamente, se ven inundados por los cambios vividos durante las últimas semanas en nuestro país.

Así, la muerte y los procesos de duelo comienzan a despertar múltiples emociones en los individuos, entre ellas la tristeza, el sufrimiento, la rabia y la aflicción. El duelo corresponde al proceso por el que atraviesa una persona tras la muerte de un ser querido, para luego asimilarlo, entenderlo y reconstruir gradualmente su vida. Otros lo abordan a partir de ciertas etapas por las que transitaría el individuo: la negación, la rabia, la negociación, la depresión y la aceptación. No obstante, todas estas fases y las estrategias de afrontamiento hacen que cada proceso sea único, intenso y dinámico. Además, la forma en que se afronta dependerá de la personalidad del sujeto y sus estrategias de afrontamiento, la relación con la persona fallecida, las circunstancias de la muerte y la red de apoyo social con la que cuenta el individuo (familia, amigos, comunidad, etc.).

A partir de lo anterior, se sugiere:

  • El duelo es un proceso normal que no debe apresurarse o intentar extirparlo de la vida. Tampoco visualizarlo como una enfermedad. Es una respuesta esperable frente a la pérdida de un ser querido con el que han compartido experiencias imborrables.
  • Favorezca la realización de rituales en torno a la despedida de un ser querido (en caso de pandemia, genere un espacio íntimo y seguro para llorar a quién ha partido).
  • Analice la pérdida en el contexto actual e identifique qué lazos puede fortalecer con sus redes de apoyo.
  • Evite el pensamiento fatalista y sustitúyalo por una jerarquización realista de necesidades.
  • Comparta sus emociones (todos/as estamos enfrentando esta pandemia).
  • Valore y reconozca en vida a sus seres queridos (el aislamiento es físico y no social; potencie contactos virtuales con quienes ama.
  • Perdone, Reconcíliese y admita la muerte como una etapa del ciclo vital, atesorando las experiencias vividas con aquellos familiares que ha perdido.
Ver más: Psicosocial & Emergencias

Para citar:
 
Sandoval-Obando, E. (2020). Procesos de Duelo y Recomendaciones para el Manejo de la Pérdida en Contexto de Pandemia. Psicosocial & Emergencias. ISSN: 1887-1836. Recuperado de http://www.psicosocialyemergencias.com/procesos-de-duelo-y-recomendaciones-para-el-manejo-de-la-perdida-en-contexto-de-pandemia/
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Protección de la Salud Mental de Personas Mayores en Contexto de Pandemia

Universidad Autónoma de Chile
Opinión Técnica
24 de abril 2020


La pandemia provocada por el COVID-19 en Chile y el mundo ha dejado en evidencia un conjunto de falencias y precariedades existentes en la salud pública y recalca la importancia de avanzar en una política pública flexible, transparente y participativa que valore y proteja la salud mental de las personas durante emergencias y catástrofes.

Esto es más importante aun cuando la población se ve enfrentada a largos periodos de cuarentena preventiva, donde el aislamiento social se transforma en un factor de riesgo diferencial para toda la población

Según explica Dr. Eduardo Sandoval, psicólogo e investigador del Instituto de Estudios Sociales y Humanísticos (IDESH) de la Universidad Autónoma de Chile, existe un grupo etario con el cual país ha estado en deuda hace muchos años: las personas mayores.

“Pese a que se han implementado planes y programas específicos de protección de la vejez, relacionados al turismo social, programas de buen trato, envejecimiento activo u otros, estas medidas han sido superficiales y no han permitido instalar un sistema integral y moderno que responda pertinentemente a las necesidades e intereses de nuestros adultos mayores”, señaló el académico.

Por ello, y en el contexto de pandemia en los que las personas mayores se han convertido en una población de riesgo, producto del número total de fallecidos en el mundo a causa de este virus, es altamente necesario plantear para la protección de la salud mental de este grupo etario.

Sandoval plantea que “los impactos psicológicos para las personas mayores pueden incluir ansiedad, estrés, irritabilidad o tristeza. Estas reacciones suelen ser particularmente difíciles para las personas mayores que pueden estar experimentando un deterioro cognitivo o demencia o que viven en soledad hace mucho tiempo. Importante es que quienes los rodeen puedan ofrecer ayuda o mostrarse disponibles para orientarlos en el uso de redes sociales, por ejemplo, lo que les permitirá activar y fortalecer redes de apoyo disponibles en su entorno”.

Otro aspecto a considerar es la estigmatización y el alarmismo, dado que los adultos mayores son el grupo más afectado por el Covid-19, tratarlos como personas vulnerables puede inducir mucho miedo.

“Relacionarse de manera empática y colaborativa con ellos, reforzando aspectos de higiene y autocuidado, así como la transmisión de información clara y precisa sobre las medidas sanitarias implementadas en su región sin duda ayudará a que estén más confiadas durante sus actividades diarias”, añadió.

Hay muchas otras acciones que las personas mayores pueden iniciar por sí mismas o con el apoyo de un cuidador para proteger su salud mental durante el periodo de cuarentena, como por ejemplos: realizar actividad física, mantener rutinas de readaptación activa; desarrollar un hobbie como leer o pintar; o asumir como desafío el uso de las redes sociales y medios digitales para entablar comunicación con pares o redes de apoyo familiar.

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